El pterigión (carnosidad) consiste en un crecimiento anormal de tejido sobre la córnea, superficie anterior del ojo que normalmente es transparente y sin vasos sanguíneos, que se inflama con facilidad ante la exposición solar, el viento o cualquier otro agente irritante. Quien lo padece tiene la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo y éste tiene una apariencia congestiva.

Para que un pterigión se presente y se desarrolle se necesitan dos condiciones: la primera que el paciente esté genéticamente provisto de la susceptibilidad para la enfermedad y la segunda que se haya expuesto a la radiación ultravioleta, principalmente solar, en suficiente tiempo en el transcurso de la vida, que active esa predisposición genética. Por eso la presencia de pterigión es mucho más frecuente en las zonas tropicales.

La forma más fácil de prevenir el pterigión es con la protección solar que brindan las gafas con filtro ultravioleta, junto con el uso de gorra o sombrero desde la niñez. En un medio ecuatorial la intensidad de la radiación solar es más intensa entre las 10:00 y las 14:00. Por eso se recomienda en lo posible protegerse del sol entre esas horas durante toda la vida.

No existe tratamiento médico, local o general, que haga desaparecer dicho tejido. Cuando el pterigión produce molestias al paciente o es evidente que va evolucionando, de manera que amenaza con ocupar la zona pupilar, impidiendo la visión, es necesario recurrir a la cirugía.

La imagen muestra el aspecto de un pterigión antes y después de una cirugía con injerto conjuntival realizada por el Dr. Juan Carlos Ochoa.