La artritis reumatoide constituye una enfermedad inflamatoria, sistémica, generalmente progresiva, que afecta predominantemente las articulaciones de manos cadera y rodillas y con frecuencia a otros órganos que tienen en común su origen conjuntivo, entre los que se encuentran los ojos.

Las afecciones oculares pueden hallarse al nivel de las glándulas lagrimales, por lo que como consecuencia aparece el ojo seco; cuando esta afección se asocia con la de las glándulas salivales se nombra síndrome de Sjögren secundario. También, al nivel de las envolturas colágenas, esclera y epiesclera puede aparecer inflamación, provocando escleritis o epiescleritis. (Ver imagen de esta página, la cual corresponde a una escleritis activa y el resultado del tratamiento tópico y sistémico realizado por el Dr. Juan Carlos Ochoa, para controlar la enfermedad). Por otra parte, en la córnea pueden aparecer cambios por la continuidad anatómica al enfermarse la esclera o simplemente como una complicación aislada de la AR.

Estas afecciones oculares aparecen generalmente en pacientes con afecciones sistémicas marcadas (vasculitis, nódulos subcutáneos, pericarditis, etc.) y generalmente aparejadas a las exacerbaciones de la enfermedad general.

Además de todas estas afecciones y sus complicaciones, los ojos pueden ser blanco de los efectos secundarios de las drogas utilizadas en el tratamiento de la artritis reumatoide como son: depósitos de sales de oro en la córnea, cataratas por los esteroides, cambios retinianos y cornéales por cloroquina.