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Manuel M. Diéguez #118, Guadalajara, Jalisco

Trasplante corneal o queratoplastia lamelar

Trasplante corneal o queratoplastia lamelar

Cuando una cicatriz, el edema o el queratocono avanzado impiden que la córnea mantenga su transparencia o forma adecuada, los lentes y otros tratamientos pueden dejar de ser suficientes. En esos casos, el trasplante corneal o queratoplastia lamelar puede representar una alternativa para recuperar calidad visual, reducir molestias y proteger la estructura del ojo.

No todos los trasplantes de córnea son iguales. La elección depende de la capa corneal afectada, la causa del daño, el estado del resto del ojo y las necesidades visuales de cada paciente. Una valoración por un especialista en córnea permite determinar si se requiere sustituir toda la córnea o únicamente el tejido enfermo.

¿Qué es un trasplante de córnea?

La córnea es la capa transparente situada en la parte frontal del ojo. Su función es permitir el paso de la luz y contribuir de forma decisiva al enfoque de las imágenes. Para que la visión sea nítida, debe conservar transparencia, curvatura regular y una adecuada cantidad de células en su capa interna.

El trasplante de córnea, también llamado queratoplastia, es una cirugía en la que se reemplaza tejido corneal dañado por tejido donado. El objetivo no siempre es el mismo: en algunos pacientes se busca mejorar la visión; en otros, controlar dolor, tratar una perforación, resolver una infección grave o preservar la integridad del globo ocular.

La córnea está formada por varias capas. Por ello, la cirugía puede ser penetrante, cuando se sustituye todo su espesor, o lamelar, cuando se reemplaza únicamente la zona afectada. Esta segunda posibilidad ha cambiado de manera importante el tratamiento de diversas enfermedades corneales.

Trasplante corneal o queratoplastia lamelar: ¿cuál es la diferencia?

La queratoplastia penetrante sustituye la córnea en todo su espesor. Sigue siendo una cirugía necesaria en casos seleccionados, por ejemplo, cuando existen cicatrices profundas, perforaciones, alteraciones extensas de varias capas o daño corneal avanzado que no puede resolverse con una técnica parcial.

La queratoplastia lamelar, en cambio, conserva las capas sanas de la córnea y reemplaza solo el tejido enfermo. Esto puede reducir ciertos riesgos inmunológicos y estructurales, aunque no todos los pacientes son candidatos. La técnica correcta se define por el diagnóstico, no por una preferencia general entre procedimientos.

Queratoplastia lamelar anterior profunda

La queratoplastia lamelar anterior profunda, conocida como DALK, se utiliza principalmente cuando el problema se localiza en las capas anteriores o medias de la córnea y el endotelio, su capa interna, funciona adecuadamente. Es una alternativa frecuente en queratocono avanzado, algunas cicatrices estromales y ciertas ectasias corneales.

Durante esta técnica se retira el tejido corneal alterado, conservando la membrana y las células endoteliales propias del paciente. Al mantener ese endotelio, se reduce la posibilidad de rechazo endotelial, una de las complicaciones más relevantes en los trasplantes de espesor completo. Sin embargo, es una cirugía técnicamente exigente y la regularidad visual final puede requerir tiempo, puntos de sutura, lentes de contacto especiales o corrección óptica adicional.

Queratoplastia endotelial

Cuando el daño se ubica en la capa más interna de la córnea, llamada endotelio, se indican técnicas de queratoplastia endotelial. El endotelio mantiene el equilibrio de líquidos dentro de la córnea. Si sus células dejan de funcionar, la córnea acumula líquido, pierde transparencia y aparece edema corneal.

Entre las técnicas más empleadas se encuentran DSAEK y DMEK. Ambas sustituyen las capas posteriores enfermas, pero DMEK trasplanta una capa de tejido más delgada y selectiva. En pacientes adecuados, esto puede favorecer una recuperación visual más rápida y una mejor calidad óptica. Aun así, la indicación depende de la anatomía ocular, cirugías previas, estado del cristalino, glaucoma y otras condiciones asociadas.

¿En qué enfermedades puede estar indicado?

Un trasplante no suele ser el primer tratamiento para una enfermedad corneal. Antes se valoran alternativas como lentes rígidos o esclerales, cross-linking en queratocono, tratamiento de ojo seco, control de inflamación, medicamentos, manejo de infecciones o procedimientos menos invasivos. La cirugía se considera cuando el daño ya compromete de manera importante la visión, causa dolor persistente o amenaza la salud del ojo.

Puede indicarse en queratocono avanzado con cicatrices o intolerancia a lentes de contacto, edema corneal por falla endotelial, distrofia de Fuchs, cicatrices después de úlceras o traumatismos, secuelas de quemaduras oculares y complicaciones de cirugías previas. También puede ser necesaria de urgencia ante una perforación corneal o una infección que no responde al tratamiento médico.

En algunos pacientes, el trasplante se realiza para rehabilitación visual. En otros, su función principal es terapéutica o reconstructiva. Esta diferencia es relevante porque las expectativas de recuperación no son iguales. Un ojo con enfermedad de retina, glaucoma avanzado o daño del nervio óptico puede requerir una córnea transparente para mantenerse sano, pero la mejoría visual tendrá límites definidos por esas otras estructuras.

Cómo se decide la técnica adecuada

La decisión comienza con una exploración oftalmológica completa. Además de medir la visión, el especialista evalúa la transparencia corneal, el grosor, la curvatura y el estado de las células endoteliales. Estudios como topografía, tomografía corneal, paquimetría y microscopía especular aportan información precisa para identificar la capa afectada y planear el procedimiento.

También se revisan antecedentes de cirugía de catarata, glaucoma, infecciones oculares, herpes ocular, traumatismos y enfermedades sistémicas. Un trasplante no se indica de forma aislada: el control de blefaritis, ojo seco, inflamación o presión intraocular es parte de la preparación y puede influir en el resultado.

En Córnea, la valoración se enfoca en definir si existe una alternativa conservadora o si el trasplante ofrece el mejor balance entre seguridad, posibilidad de recuperación y estabilidad a largo plazo. Contar con un programa de trasplantes organizado también puede reducir tiempos de espera cuando la indicación quirúrgica ya está establecida.

Qué esperar durante y después de la cirugía

La intervención se realiza en quirófano y, según el tipo de cirugía y las condiciones del paciente, puede utilizarse anestesia local con sedación o anestesia general. El tejido donado se selecciona y prepara de acuerdo con la técnica necesaria. En los trasplantes penetrantes y en algunas queratoplastias anteriores se emplean suturas muy finas; en las técnicas endoteliales, el injerto puede mantenerse en su lugar mediante una burbuja de aire o gas dentro del ojo.

La recuperación no es inmediata y varía de forma considerable. Después de una queratoplastia endotelial, algunos pacientes notan una mejora progresiva durante las primeras semanas o meses. Tras una queratoplastia penetrante o DALK, la estabilización visual puede tomar más tiempo, en parte por la presencia y el ajuste posterior de las suturas.

Es habitual indicar gotas antibióticas y antiinflamatorias, además de revisiones frecuentes. No debe frotarse el ojo, realizar ejercicio intenso sin autorización, exponerse a polvo o agua contaminada ni suspender medicamentos por cuenta propia. Las indicaciones exactas cambian según el procedimiento y la evolución clínica.

Riesgos que deben entenderse antes de operar

Todo trasplante corneal implica riesgos. Entre ellos se encuentran infección, inflamación, elevación de la presión ocular, astigmatismo, falla o desplazamiento del injerto y rechazo. El riesgo y la naturaleza de estas complicaciones cambian entre una queratoplastia penetrante y una lamelar.

El rechazo puede presentarse incluso meses o años después de la cirugía. Ojo rojo, dolor, sensibilidad a la luz, visión borrosa repentina o disminución visual deben motivar una valoración urgente. Detectarlo a tiempo permite iniciar tratamiento y, en muchos casos, proteger la función del injerto.

El resultado visual también depende de factores ajenos a la córnea. Puede ser necesario usar lentes, lentes de contacto especializados o realizar tratamientos complementarios una vez que el ojo esté estable. La meta realista no es prometer una visión perfecta, sino ofrecer la mejor recuperación posible con base en la condición particular de cada ojo.

Preguntas frecuentes sobre la recuperación

¿Cuánto dura un injerto de córnea?

No existe una duración idéntica para todos los pacientes. Algunos injertos se mantienen transparentes y funcionales durante muchos años. Su supervivencia depende del diagnóstico original, la técnica empleada, el apego al tratamiento, la salud de la superficie ocular y la presencia de glaucoma, inflamación o rechazos previos.

¿Se puede volver a trasplantar una córnea?

Sí, en determinadas circunstancias puede realizarse un nuevo trasplante. Sin embargo, cada cirugía adicional exige una valoración más cuidadosa, ya que pueden aumentar ciertos riesgos. El objetivo es identificar y controlar la causa que llevó a la falla del injerto anterior antes de planear otra intervención.

¿La queratoplastia lamelar elimina el riesgo de rechazo?

No por completo. Al conservar tejido propio, algunas técnicas lamelares disminuyen tipos específicos de rechazo, especialmente el endotelial en la DALK. Aun así, cualquier injerto requiere vigilancia médica y cumplimiento estricto del tratamiento indicado.

Recuperar la transparencia de la córnea es solo una parte del proceso. La decisión más segura comienza con un diagnóstico preciso, expectativas realistas y seguimiento cercano con un especialista en córnea que acompañe cada etapa de la recuperación.

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