Scroll Top
Manuel M. Diéguez #118, Guadalajara, Jalisco

Caso clínico de queratitis: señales y tratamiento

Caso clínico de queratitis: señales y tratamiento

El dolor intenso, el ojo rojo y la visión borrosa no deben asumirse como una irritación pasajera, especialmente si aparecen tras usar lentes de contacto. Este caso clínico de queratitis representa una situación frecuente en consulta de córnea: una infección que puede avanzar en horas o días y dejar una cicatriz permanente si no recibe atención especializada.

El inicio del cuadro: cuando un ojo rojo requiere valoración urgente

Una mujer de 34 años acudió a consulta por dolor en el ojo derecho, lagrimeo constante, sensibilidad marcada a la luz y disminución de la visión de 48 horas de evolución. Usaba lentes de contacto blandos a diario, incluyendo algunas noches, y refirió haberlos enjuagado ocasionalmente con agua de la llave cuando no tenía solución desinfectante disponible.

Al principio creyó que se trataba de resequedad ocular. Utilizó gotas lubricantes y continuó con sus actividades, pero al día siguiente el dolor aumentó, el ojo se volvió intensamente rojo y comenzó a percibir una mancha blanca sobre la parte transparente del ojo. Ese cambio motivó su atención médica.

La córnea es el tejido transparente que cubre la parte frontal del ojo y participa de forma decisiva en el enfoque visual. Cuando se inflama o infecta, la transparencia puede alterarse. Por eso, una queratitis no es equivalente a una conjuntivitis común: puede comprometer la calidad visual de manera significativa.

Caso clínico de queratitis: hallazgos en la exploración

Durante la valoración, se midió la agudeza visual y se realizó exploración con lámpara de hendidura, un equipo que permite observar la córnea con gran detalle. La paciente presentaba una úlcera corneal central de aproximadamente 2 milímetros, con infiltrado blanquecino, edema alrededor de la lesión y reacción inflamatoria dentro del ojo.

La tinción con fluoresceína confirmó una pérdida del epitelio corneal, la capa superficial protectora. Por la ubicación de la úlcera, la intensidad de los síntomas y el antecedente de lentes de contacto, se consideró una queratitis infecciosa con riesgo para el eje visual.

En casos seleccionados, tomar una muestra de la lesión para cultivo y estudio microbiológico ayuda a identificar el microorganismo responsable y ajustar el tratamiento. Esto es especialmente relevante cuando la úlcera es profunda, central, extensa, no responde al tratamiento inicial o existe sospecha de infección por hongos, amebas u organismos poco comunes.

Aunque muchas queratitis infecciosas son bacterianas, no todas tienen el mismo origen. Los virus, en particular el herpes simple, también pueden afectar la córnea. Las infecciones por hongos se observan con mayor frecuencia después de traumatismos con material vegetal o tierra, mientras que la queratitis por Acanthamoeba debe considerarse en usuarios de lentes de contacto expuestos al agua. Identificar la causa cambia por completo la estrategia terapéutica.

Tratamiento: actuar pronto, sin automedicarse

Ante la sospecha de queratitis infecciosa, se indicó tratamiento antimicrobiano tópico de alta frecuencia y vigilancia estrecha. La frecuencia, el medicamento y la duración dependen del tamaño, profundidad y localización de la lesión, además de la evolución clínica y, cuando se dispone de ellos, de los resultados microbiológicos.

La paciente suspendió de inmediato el uso de lentes de contacto. También recibió indicaciones precisas para no ocluir el ojo, no utilizar remedios caseros y no aplicar gotas con esteroides sin supervisión del especialista. Los esteroides pueden tener un papel en circunstancias específicas, pero usarlos de forma inadecuada puede empeorar una infección activa, enmascarar sus signos o retrasar la cicatrización.

En las primeras 48 horas se realizaron revisiones cercanas. El dolor comenzó a disminuir y el infiltrado dejó de aumentar, una señal favorable. Después de dos semanas, la lesión había cerrado; sin embargo, permaneció una cicatriz corneal leve. Debido a que se localizaba cerca del centro de la córnea, fue necesario dar seguimiento a la recuperación visual y valorar si la irregularidad residual afectaba la calidad de imagen.

No todos los casos evolucionan igual. Una úlcera pequeña y periférica puede responder con rapidez, mientras que una lesión central, profunda o de progresión acelerada puede requerir tratamientos más intensivos, procedimientos para proteger la córnea e incluso cirugía. Cuando la cicatriz es densa y limita la visión, un trasplante de córnea puede ser una alternativa reconstructiva, una vez que la infección está totalmente controlada.

Señales que no conviene esperar

Una queratitis debe valorarse con urgencia cuando hay dolor ocular importante, fotofobia, visión borrosa o una reducción perceptible de la visión. La presencia de secreción, sensación de cuerpo extraño intensa, lagrimeo persistente o una mancha blanca en la córnea aumenta la necesidad de una revisión inmediata.

El riesgo también es mayor en personas que usan lentes de contacto, han tenido un golpe o raspadura en el ojo, se expusieron a polvo, plantas, sustancias químicas o agua contaminada, o padecen enfermedades que alteran la superficie ocular. Personas con ojo seco severo, párpados que no cierran correctamente, disminución de la sensibilidad corneal o tratamientos inmunosupresores pueden requerir una vigilancia particular.

Es común confundir la queratitis con conjuntivitis porque ambas pueden causar enrojecimiento. La diferencia no siempre puede establecerse frente a un espejo. En la queratitis suele haber dolor, fotofobia y deterioro visual más notorios, pero la exploración con lámpara de hendidura es la que permite definir la extensión y profundidad del problema.

La prevención empieza con el uso correcto de lentes de contacto

Los lentes de contacto son seguros cuando se adaptan, utilizan y desinfectan adecuadamente. El mayor error no suele ser usar lentes, sino normalizar prácticas que exponen la córnea a microorganismos: dormir con ellos sin indicación médica, nadar o bañarse con los lentes puestos, reutilizar solución, usar agua para enjuagarlos o exceder el tiempo de reemplazo recomendado.

Ante cualquier molestia relevante, retirar los lentes y conservarlos junto con su estuche puede ser útil si el especialista necesita estudiarlos. No deben volver a colocarse hasta recibir autorización médica. Cambiar de marca de gotas o probar antibióticos disponibles en casa no sustituye una evaluación, y puede dificultar el diagnóstico posterior.

En Córnea, la valoración de una úlcera o queratitis se enfoca en proteger la transparencia corneal y preservar la función visual mediante diagnóstico preciso, tecnología de exploración y seguimiento según el riesgo de cada caso. La prioridad es distinguir una molestia superficial de una lesión que necesita manejo inmediato.

Qué enseña este caso clínico

La evolución favorable de esta paciente dependió de dos decisiones: acudir cuando los síntomas dejaron de parecer una irritación común y seguir el tratamiento con revisiones cercanas. Aun así, la cicatriz residual muestra por qué el tiempo importa: controlar una infección no siempre evita por completo sus secuelas.

Si presenta dolor, enrojecimiento y visión borrosa, sobre todo si utiliza lentes de contacto, busque valoración oftalmológica el mismo día. La córnea tiene una capacidad notable de recuperación, pero necesita el diagnóstico y el tratamiento correctos antes de que una lesión aparentemente pequeña comprometa su visión.

Leave a comment